La patata tiene su origen en las tierras altas de Sudamérica, particularmente en la región andina de Chile y Perú, donde ya se cultivaba cuando llegaron los españoles.

Pedro Cieza de León habla sobre las patatas en la Crónica del Perú del año 1553, lo mismo que Ruiz y Pavón en su Flora peruana; ambos citan el cultivo y los usos dados por los indígenas a este tubérculo.

Su introducción en Europa se remonta a 1565 en España, concretamente en Galicia, y a 1586 en Irlanda. Estas primeras plantas procedían de las proximidades de Quito.

En 1588 se plantaron algunas patatas en Frankfurt y en Viena, y en 1596 se publicó la primera cita de esta planta en un tratado de botánica europeo. Cultivada inicialmente como ornamental, más tarde los tubérculos se destinaron a la alimentación del ganado únicamente, por creer que causaban enfermedades en los seres humanos (como la lepra).

Hasta el s. XVIII no se utilizaron para consumo humano regular en Europa, si bien ya en el s. XIX constituían uno de los alimentos básicos de la población del continente.

Desde entonces se han desarrollado multitud de variedades distintas, destacando por su calidad las procedentes del oeste y centro de Europa.

 

 

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